El cerebro humano ejecuta alrededor de diez elevado a dieciséis operaciones sinápticas por segundo consumiendo una potencia equivalente a la de una bombilla tenue de apenas veinte vatios. En contraste, un centro de datos contemporáneo de supercomputación requiere el caudal hidroeléctrico de una ciudad mediana para sostener modelos de inferencia profunda.
Esta flagrante discrepancia termodinámica ha impulsado una de las revoluciones silenciosas más prometedoras de la física aplicada: los circuitos memristivos y las redes de espigas (spiking neural networks) que imitan el comportamiento electroquímico de las dendritas neuronales.
Carmen Alvear
Redactora Jefa & Analista Senior
Ensayista, doctora en Filosofía de la Ciencia por la Universidad Complutense de Madrid y crítica literaria. Co-fundadora y directora editorial de Blogmasters.es.
