Hace apenas un año, la generación de valor vinculada a la inteligencia artificial seguía concentrada en un número limitado de empresas. La edición de 2025 del Applied AI Index del Boston Consulting Group (BCG) estimaba que solo el 5 % de las organizaciones obtenía un valor sustancial de sus inversiones en IA.
Sin embargo, la situación ha cambiado considerablemente en 2026. El estudio, realizado entre 1.330 directivos y altos ejecutivos, muestra que la IA está saliendo progresivamente de la fase de experimentación. Una parte importante de las empresas comienza ahora a implementar sus usos a gran escala y a medir su impacto financiero.
Una generación de valor que va más allá de las empresas pioneras
Las empresas «future-built» están ampliando la brecha con las organizaciones menos avanzadas. Su crecimiento de los ingresos es 2,4 veces superior al de las empresas situadas en la mitad inferior de la muestra. Asimismo, su rentabilidad total para el accionista durante un período de tres años es 2,3 veces mayor.
Sin embargo, este avance ya no se limita únicamente a este grupo de empresas pioneras. El 41 % de las organizaciones que ya se encuentran en una fase de expansión ha comenzado a implementar la IA a gran escala y también registra mejores resultados que las empresas menos avanzadas. En total, cerca de la mitad de las empresas analizadas se encuentran ahora en una dinámica de industrialización de la inteligencia artificial.
Esta evolución contrasta con el estudio realizado en 2025, que identificaba únicamente un 5 % de empresas que generaban un valor sustancial gracias a la IA. La consultora también señala que el 79 % de las empresas ya mide el impacto de sus iniciativas de IA en su cuenta de resultados. De este modo, el retorno de la inversión en inteligencia artificial comienza a evaluarse no solo a partir de previsiones, sino también mediante resultados financieros concretos.
El gasto en IA sale del ámbito de los departamentos de TI
Este aumento del valor generado viene acompañado, como es lógico, de un incremento de las inversiones. El gasto destinado a la inteligencia artificial pasó de aproximadamente el 1,7 % de los ingresos a finales de 2025 al 3,3 % en 2026, lo que supone prácticamente duplicar la inversión en menos de un año.
Más del 80 % de este gasto se realiza ahora fuera del presupuesto de tecnologías de la información (TI) de las empresas. Por tanto, la IA ya no se limita a los programas tecnológicos gestionados por los departamentos de sistemas de información. Las distintas áreas de negocio participan directamente en las inversiones y los proyectos, a medida que las aplicaciones se integran cada vez más en los procesos operativos y en los objetivos de rendimiento.
Esta evolución también está transformando el papel de los responsables de informática. Los directores de sistemas de información (DSI) deben seguir garantizando la integración de las tecnologías, la seguridad, la gestión de los datos y las arquitecturas tecnológicas, mientras que una proporción cada vez mayor de las decisiones de inversión se toma directamente en las áreas de negocio.
Según el BCG, considerar la IA únicamente como una partida de costes informáticos puede llevar a las empresas a subestimar tanto las cantidades invertidas como los beneficios esperados.
Los agentes de IA avanzan más rápido que su gobernanza
El aumento de las inversiones también viene acompañado de una evolución en los usos de la inteligencia artificial. Uno de los principales desafíos identificados por el BCG es la IA agéntica, que está llamada a desempeñar un papel cada vez más importante en los procesos empresariales.
Las organizaciones prevén delegar progresivamente en los agentes de IA mayores capacidades de decisión y actuación. De cara a 2030, el 42 % de las empresas encuestadas espera conceder una verdadera autonomía en la toma de decisiones a sus agentes de IA. Sin embargo, según el informe, actualmente solo el 5 % dispone de todos los mecanismos de control necesarios para hacerlo de forma segura.
Esta diferencia entre el nivel de autonomía previsto y los sistemas de control existentes constituye uno de los principales aspectos que deberán vigilarse durante los próximos años.
El desafío es aún mayor si se tiene en cuenta que los agentes ya representan una proporción creciente del valor generado por la inteligencia artificial. Según el BCG, la IA agéntica representó el 22 % del valor total generado por la IA en 2026, frente al 17 % registrado en la muestra del año anterior. Esta proporción podría alcanzar el 39 % en 2030.
Las empresas encuestadas también prevén una reducción global de sus plantillas de entre el 10 % y el 15 % de aquí a 2030. No obstante, el estudio no presenta esta evolución como una simple eliminación de puestos de trabajo. Según su análisis, el impacto afectaría especialmente a las funciones de coordinación y a determinados niveles intermedios de gestión, mientras que las organizaciones redefinen las responsabilidades en torno a la inteligencia artificial.
En este contexto, la formación se convierte en una herramienta clave para acompañar esta transformación. Siete de cada diez empresas pertenecientes a las organizaciones «future-built» y a aquellas que ya se encuentran en una fase de expansión de la IA están formando a sus empleados.
Al mismo tiempo, la proporción de puestos específicamente dedicados a la inteligencia artificial podría aumentar considerablemente, pasando del 7 % de la plantilla en 2026 al 22 % en 2030.
Carmen Alvear
Redactora Jefa & Analista Senior
Ensayista, doctora en Filosofía de la Ciencia por la Universidad Complutense de Madrid y crítica literaria. Co-fundadora y directora editorial de Blogmasters.es.
