La soberanía de las naciones del siglo XXI ya no se mide exclusivamente por la extensión de sus fronteras ni por el tonelaje de sus flotas marítimas, sino por la densidad de transistores capaces de ser grabados en una superficie de silicio inferior al grosor de una hebra de cabello humano.
Durante décadas, el consenso de la deslocalización asumió que la arquitectura del diseño podía residir cómodamente en capitales occidentales mientras la fundición física y el encapsulado se delegaban a las costas del estrecho de Formosa. La fractura de las cadenas de suministro post-pandémicas y la escalada de fricciones en el mar de la China Meridional han obligado a Bruselas y Berlín a despertar con crudeza de su sueño globalizador.
Carmen Alvear
Redactora Jefa & Analista Senior
Ensayista, doctora en Filosofía de la Ciencia por la Universidad Complutense de Madrid y crítica literaria. Co-fundadora y directora editorial de Blogmasters.es.
