Google se enfrenta a un desafío que él mismo ha creado. Desde hace varios años, el grupo acelera la integración de la IA en sus productos, pero esta transformación amenaza el núcleo de su financiación: los enlaces patrocinados que aparecen en los resultados de búsqueda.
Un modelo económico amenazado
El miércoles 28 de octubre de 2026, durante la presentación de sus resultados trimestrales, Alphabet, empresa matriz de Google, despertó la preocupación de los inversores. Al día siguiente, sus acciones llegaron a perder hasta un 13 %, provocando una caída de casi 500.000 millones de dólares en su capitalización bursátil. Se trata de la mayor pérdida que el gigante ha registrado jamás en una sola jornada.
Entre las causas figura la desaceleración del crecimiento de los ingresos procedentes de las búsquedas en plena expansión de la IA generativa. Con su Modo IA, Google ofrece ahora una experiencia de búsqueda en la que la inteligencia artificial redacta directamente la respuesta. De este modo, los usuarios pueden obtener información sin necesidad de consultar los sitios web propuestos ni hacer clic en los enlaces patrocinados. «El fuerte crecimiento de las consultas en el Modo IA ha tenido un impacto, debido a la menor monetización que observábamos en ellas», declaró Philipp Schindler, director comercial de Google.
Sin embargo, una parte esencial de los ingresos del grupo depende precisamente de estas interacciones. Al proporcionar directamente la información que buscan los usuarios, Google reduce las oportunidades de exposición y de clic para los anunciantes. Así, la propia innovación de la empresa acaba compitiendo con su actividad histórica.
Una fuente de beneficios difícil de sustituir
Lo que está en juego es considerable. En 2024, la publicidad generó 264.600 millones de dólares para Google, aproximadamente el 76 % de los ingresos totales de Alphabet, que alcanzaron entonces los 350.000 millones de dólares. El buscador constituye el principal motor de esta actividad, con unos ingresos de 198.100 millones de dólares durante ese año.
Este modelo se basa en un principio sencillo: atraer a los internautas, responder a sus consultas y presentarles anuncios comerciales relevantes. Las respuestas generadas por IA modifican esta lógica al reducir potencialmente el número de clics hacia contenidos externos. Este nuevo modelo también plantea una cuestión de monetización: ¿cómo mantener el mismo nivel de ingresos publicitarios cuando la experiencia de búsqueda se vuelve más conversacional y depende menos de los enlaces?
Todavía no hay pruebas de que estas respuestas vayan a provocar una caída duradera de los ingresos de Google. Sin embargo, los inversores ya anticipan las dificultades de una transición que podría afectar a su actividad más rentable.
Inversiones en inteligencia artificial
Al mismo tiempo, Alphabet continúa realizando inversiones masivas en IA. Según la empresa, sus gastos de capital aumentaron de 44.900 millones de dólares en el segundo trimestre a 51.400 millones de dólares en el tercer trimestre de 2026, lo que confirma el incremento continuo de las inversiones destinadas principalmente a la inteligencia artificial. Las infraestructuras informáticas, los centros de datos, los procesadores y el desarrollo de modelos requieren desembolsos considerables. El grupo debe financiar esta expansión sin dejar de preservar la rentabilidad de sus actividades tradicionales.
La compañía necesita invertir lo suficiente para seguir siendo competitiva frente a otros actores del sector de la IA, evitando al mismo tiempo que estos gastos afecten de forma duradera a sus resultados. Las preocupaciones por el consumo de efectivo y el aumento de las inversiones reforzaron así la reacción negativa de los mercados. En cambio, Google Cloud muestra una dinámica especialmente positiva, con un crecimiento interanual del 103 %, lo que ilustra el potencial de expansión de las actividades vinculadas a la IA.
Google debe, por tanto, transformar su motor de búsqueda sin desestabilizar su principal fuente de financiación. Al intentar anticiparse a la revolución de la inteligencia artificial, el grupo corre el riesgo de alterar los propios cimientos de su éxito.

Roberto Méndez
Corresponsal Económico y Tecnología
Especialista en economía política europea, soberanía tecnológica industrial y análisis de fondos soberanos en la zona euro. Colaborador habitual en medios internacionales.

